IZASKUN ALONSO SARATXAGA
Izaskun Alonso Saratxaga (1971) es pintora, doctora y docente en la Facultad de Bellas Artes del País Vasco. Entiende la pintura como un medio de expresión donde cuerpo y mente se funden. Su pintura se construye desde la tensión: entre la imagen y su deconstrucción, entre el gesto y el cálculo. Su obra no busca una representación estable, sino que se mueve en un territorio de mutación constante, donde las formas se duplican, se fragmentan y se recomponen como si respondieran a un pensamiento en proceso. Pinta desde la duda, desde la repetición, haciendo del error y del desvío un método de trabajo.
En sus cuadros conviven referencias a lo orgánico y a lo geométrico y a veces se cuela lo figurativo. El color actúa como una fuerza estructural y emocional, capaz de activar choques, ritmos y desequilibrios. En ese sentido, convierte el lienzo en un espacio de pensamiento, donde la pintura es menos un resultado que un proceso abierto. Pinta como quien registra un pulso: capas, líneas y ritmos que se suceden, dejando que el cuadro acumule memoria. La repetición es aquí método para hacer visible lo invisible, para traducir estados emocionales y vitales en estructura pictórica.
Su trabajo, además expande la pintura más allá del lienzo: hacia muros, suelos, objetos cotidianos y superficies arquitectónicas, reflexionando sobre cómo habitamos y sobre la posibilidad de introducir sensibilidad y pensamiento plástico en los espacios cotidianos.
IZASKUN ALONSO SARATXAGA
Izaskun Alonso Saratxaga (1971) es pintora, doctora y docente en la Facultad de Bellas Artes del País Vasco. Entiende la pintura como un medio de expresión donde cuerpo y mente se funden. Su pintura se construye desde la tensión: entre la imagen y su deconstrucción, entre el gesto y el cálculo. Su obra no busca una representación estable, sino que se mueve en un territorio de mutación constante, donde las formas se duplican, se fragmentan y se recomponen como si respondieran a un pensamiento en proceso. Pinta desde la duda, desde la repetición, haciendo del error y del desvío un método de trabajo.
En sus cuadros conviven referencias a lo orgánico y a lo geométrico y a veces se cuela lo figurativo. El color actúa como una fuerza estructural y emocional, capaz de activar choques, ritmos y desequilibrios. En ese sentido, convierte el lienzo en un espacio de pensamiento, donde la pintura es menos un resultado que un proceso abierto. Pinta como quien registra un pulso: capas, líneas y ritmos que se suceden, dejando que el cuadro acumule memoria. La repetición es aquí método para hacer visible lo invisible, para traducir estados emocionales y vitales en estructura pictórica.
Su trabajo, además expande la pintura más allá del lienzo: hacia muros, suelos, objetos cotidianos y superficies arquitectónicas, reflexionando sobre cómo habitamos y sobre la posibilidad de introducir sensibilidad y pensamiento plástico en los espacios cotidianos.


